“Deja de llorar, es una señal de los tiempos; bienvenido al espectáculo final”, canta el británico Harry Styles en The Sign of the Times. Resultó inevitable, incluso para el menos sentimental de los aficionados sevillistas, echar una lagrimita en los prolegómenos, durante y/o después del partido que significa el adiós de Jesús Navas al fútbol profesional en su casa, su templo: el Ramón Sánchez-Pizjuán. Hasta el Celta, con un bonito pasillo previo, quiso sumarse al merecido homenaje que recibió la leyenda de Los Palacios, titular por supuesto en estos sus minutos finales con la casaca y el brazalete en Nervión. Un último duelo de pasión que terminó con victoria sevillista gracias al gol de otro canterano, Manu Bueno. De la manera más simbólica y más alegre para una grada que se ha acostumbrado y sabe que a partir de ahora vienen tiempos de mucho sufrimiento, ya sin su máximo referente para tirar del carro. Es, por...