La Liga, el Madrid y Modric siguen igual. Camino de los 40 años, la llama del croata no se apaga. Si acaso, se espacia. Un misil tremendo desde casi 25 metros abrió el camino de la victoria a su equipo en una tarde de tregua arbitral. Después de unas semanas en que el VAR se volvió el bar, la afición blanca se desahogó contra los colegiados, pero abajo nada pasó. Cuadra fue invisible, papel soñado por cualquier colegiado, y el Madrid debió tomar nota de que a esto se juega mejor en son de paz. Por lo demás, el equipo mantuvo el buen humor de la Champions y consolidó la sociedad Mbappé-Vinicius ante un Girona que hubo de jugar, por causa de fuerza mayor y plantilla menor, a lo que no le gusta: resistir y contragolpear. Solo al final recuperó su esencia, pero ahí ya no está Dovbyk para darle la razón.