El Valencia tiene un arma que nadie más tiene: Mestalla. Sus esperanzas de salvación pasan por ahí, por su vetusto y místico estadio. Mestalla le dio el aliento necesario a los de Carlos Corberán para hacer valer el solitario gol de Hugo Duro y resistir ante una Real Sociedad que acusó el desgaste de la semana, un equipo que deja escapar la oportunidad de meterse en puestos europeos. Los últimos minutos se vivieron en Mestalla como si de la penúltima jornada de Liga se tratara. Es lo que tiene cuando un histórico está dónde están los blanquinegros, que la angustia te entra cuando otros aún mantienen la calma. Pero tal como había transcurrido la jornada, la de la rebeldía de los de abajo, al Valencia le urgía reencontrarse con la victoria en Liga dos meses después. Y lo hizo. Y lo festejó Mestalla.
