El Madrid se fue a la cama con los mismos puntos que el Barça y seis más que el Atlético, pero probablemente le costó conciliar el sueño tras ganarle al laborioso Leganés en el esprint y favorecido por un lamentable arbitraje de González Fuertes, con exceso de vista y de gestos. Inventó el penalti del 1-0 y la falta del 3-2. El Madrid atacó a ratos y no defendió, con tres canteranos más Rüdiger, casi nunca. No cabe el atenuante del uso casi abusivo de suplentes, porque cuando llegaron los refuerzos casi nada mejoró. Mbappé, eso sí, metió dos goles, llegó a los 33 y empezó a mostrarse como crack a tiempo completo. Solo él permite mirar al futuro inmediato con cierto optimismo.