Podría decirse que jugando a lo que propuso el Villarreal acabó ganando el Madrid, porque en un tiroteo es difícil que Mbappé no sea el último que queda en pie. El francés se tomó el partido como lectivo, no se dio por fatigado y lo resolvió al estilo de los mejores nueves, sobresalientes en geografía: saben estar donde deben. También es ley no escrita en el fútbol que se sale de casi todas con un buen ariete y un buen portero. Esta otra media naranja también la tuvo el Madrid, con un Courtois felino (nueve paradas). El resto lo pusieron Tchouameni atrás, Camavinga en el centro y Bellingham en todas partes. El Villarreal fue notablemente mejor al comienzo de ambos periodos, pero le perdieron sus lagunas. Atacó mucho y bien y defendió poco y mal. Acabaron saliendo más gallinas de las que entraron para que un Madrid de posguerra durmiera líder y esperara noticias del Metropolitano, que serán buenas pase lo que pase.
