Pasan los partidos, pasan los años, pero en el Celta nada cambia. Iago Aspas sigue siendo el jugador decisivo del equipo vigués. Ante Osasuna volvió a ser suplente, quizás como parte del proceso de recuperación tras la lesión, pero fue saltar al campo y volver a decidir el encuentro con su zurda mágica. El primer balón que tocó fue para inventarse un pase imposible hacia Borja Iglesias, al que Torró tuvo que hacer penalti para evitar su remate. Y el segundo golpeo ya fue para patear el balón a la red, otra vez desde los once metros, como hace siete días en el Metropolitano, de nuevo con pasmosa tranquilidad. Y así selló el Celta tres puntos que le permiten soñar con Europa. La permanencia ya se ve muy lejos, a los vigueses les toca ahora mirar hacia arriba.