El Atlético de Madrid encontró el desahogo que tanto necesitaba y firmó su primera victoria del curso con un convincente 2-0 sobre el Villarreal en el Metropolitano. Desde el inicio, los de Simeone salieron con una marcha más, decididos a recuperar la identidad que los caracteriza. La recompensa llegó en la primera parte, cuando Pablo Barrios, con sangre fría, definió tras una magnífica asistencia de Julián Alvarez. Ese gol no solo adelantó al conjunto rojiblanco, sino que también inyectó la confianza perdida tras semanas de dudas y resultados discretos. El equipo respondió con presión asfixiante, seguridad defensiva y una mayor claridad ofensiva que hacía tiempo no mostraba. En la segunda mitad, el guion se mantuvo: el Atlético dominó el juego y cerró el partido con autoridad. Nico González, de estreno como goleador rojiblanco, firmó el segundo con un cabezazo potente tras un centro de Marcos Llorente, desatando la ovación de la afición. El Villarreal, en cambio, no logró descifrar la muralla colchonera y apenas probó fortuna contra Oblak, que pasó una noche tranquila. Al final, la victoria no solo valió tres puntos, sino que también trajo de vuelta la confianza y la intensidad de un Atlético que, de nuevo, parece mirar al futuro con ambición.
El Sadar volvió a ser un fortín y Osasuna lo aprovechó para imponerse con autoridad por 2-0 al Rayo Vallecano. El equipo rojillo salió decidido a mandar desde el inicio, con un fútbol intenso y bien hilvanado que pronto dio frutos. Apenas en el minuto 15, Raúl García cazó un balón suelto en el área tras un despeje defectuoso de la defensa visitante y, con la frialdad de un depredador, adelantó a los navarros. El gol dejó tocado al Rayo, que trató de reaccionar con las internadas de De Frutos, los intentos de Unai López y la chispa de Isi, pero sin la claridad suficiente para inquietar de verdad a Sergio Herrera. En la segunda mitad, Osasuna mostró madurez y oficio. Supo bajar el ritmo cuando lo necesitaba y acelerar en el momento justo. Jagoba Arrasate movió el banquillo y la entrada de Iker Benito resultó decisiva: fresco y eléctrico, culminó en el 77 una contra vertiginosa que dejó sin respuesta a la zaga rayista, sellando el segundo tanto de la noche. El Rayo, herido en su orgullo, asumió el control del balón en busca de un gol que lo reenganchara al partido, pero se topó una y otra vez con una defensa local bien plantada, liderada por Boyomo, y con un Herrera que transmitió seguridad bajo palos. El pitido final confirmó un triunfo sólido de Osasuna, que refuerza su fortaleza en casa y alimenta la confianza de un equipo que sabe aprovechar sus momentos. El Rayo, en cambio, volvió a Madrid con la sensación amarga de haberlo intentado sin el acierto necesario para sacar algo positivo de Pamplona.
Marcelino tiene la duda de Gerard Moreno, que puede unirse a los lesionados Logan Costa, Kambwala y Pau Cabanes. Alessio Lisci tiene lesionado a Aimar Oroz y Moi Gómez.


















































