San Mamés fue escenario de un derbi cargado de tensión, de esos que se juegan con el corazón en la boca y que terminan grabados en la memoria de una afición. Allí, el Deportivo Alavés firmó una victoria histórica por 0-1 ante el Athletic Club, rompiendo un maleficio de más de veinte años sin ganar en Bilbao. El encuentro se decidió en el minuto 57, en una acción tan cruel como determinante: Álex Berenguer, en su intento de despejar un centro de Denis Suárez, desvió el balón hacia su propia portería y desató el júbilo albiazul. A partir de ahí, el Athletic se lanzó con todo lo que tenía, empujado por su gente y volcando el juego en busca de un gol que nunca llegó. Centros, segundas jugadas, remates forzados… nada pudo con un Sivera imponente bajo palos ni con la disciplina férrea de un Alavés que se dejó el alma en cada balón dividido. El equipo de Coudet, consciente de lo que se jugaba, manejó los tiempos con inteligencia. Se defendió con orden, supo sufrir y no perdió la concentración en ningún momento. El pitido final desató la alegría visitante, que celebró una gesta largamente esperada en territorio hostil. El Athletic, en cambio, se marchó con un sabor amargo, sabedor de que la falta de acierto en los metros finales acabó costándole tres puntos en una noche que, esta vez, sonrió al vecino vitoriano.
El Sánchez-Pizjuán vivió una noche eléctrica con un 2-2 entre Sevilla y Elche que tuvo de todo: goles, giros inesperados y emoción hasta el último suspiro. El conjunto hispalense golpeó primero, justo antes del descanso, gracias a un golpeo de Isaac Romero desde la frontal que levantó al estadio y parecía allanar el camino hacia una victoria necesaria. Pero el fútbol, caprichoso como siempre, tenía otros planes. Nada más volver de vestuarios, el Elche reaccionó con fiereza: André Silva cazó un error en la zaga sevillista para poner la igualdad y, apenas unos minutos después, Rafa Mir silenció Nervión con una falta directa impecable que se coló en la red como un jarro de agua fría para los locales. Con el Sevilla herido, los de Matías Almeyda se lanzaron en tromba en busca del empate. La recompensa llegó en el minuto 85, cuando Peque, tras un toque sutil de Alexis Sánchez, clavó el balón en la escuadra y desató la euforia de la grada. Al final, reparto de puntos en un choque de vértigo: el Elche, invicto tras cuatro jornadas, salió reforzado de uno de los escenarios más exigentes de la liga, mientras que el Sevilla volvió a marcharse con la amarga sensación de haber dejado escapar el triunfo en casa.
Coudet podrá contar con toda su plantilla. Almeyda recupera a Ejuke y Akor Adams, por lo que solo tiene la baja por lesión de Joan Jordán.



















































